Targeting en las RRSS: Tú apunta, que otro dispara

«¡Es una bruja! ¡A la hoguera!».

Y ya esta: Solo con aquellas 6 palabras, el sentido común moría y tomaba el mando la barbarie: Había que quemar a la señalada. Y punto.

Nadie se preguntaba si la víctima era realmente una bruja. Ni si el acusador decía la verdad. Ni si casualmente tenía pleitos con la persona a la que denunciaba. Ni si tenía intereses en que la quitasen de en medio. De hecho, nadie se preguntaba siquiera «cuánto de bruja» había en quien acusaba.

De miles de motivos posibles para que alguien quisiera volcar todo aquel odio contra un inocente (para que otros le hicieran el trabajo sucio de aniquilarlo), aparentemente nadie se planteaba que quizás las cosas no fueran tal y como parecían ser.

Y esto se debía a unas simples reglas que, aún hoy, siguen vigentes:

  • El acusador señalaba en público, ante una muchedumbre lo suficientemente numerosa y exaltada como para asegurarse de que habrían algunos extremistas que le dieran la razón, dejándose llevar por el odio y el fervor.
  • El acusador señalaba con vehemencia e insistencia, reflejando tanta convicción que era imposible pensar que no estuviese absolutamente seguro de su acusación (luego, cuando solo quedaban cenizas y se descubría que no tenía pruebas, el objetivo ya había sido cumplido).
  • La gente con dos dedos de frente que dudaba, callaba (para no buscarse problemas). Y, si alguno mostraba reticencias, también era acusado.
  • El acusador agitaba al tumulto hasta que la reacción en cadena continuaba por sí sola, sin su participación.
  • La turba llegaba al punto crítico y ajusticiaba.

¿Te parece una historia más propia de la Santa Inquisición que de nuestros días? ¿Algo más bien de la Edad Media, quizás?

Pues esto ocurre hoy en día en nuestras Redes Sociales. Ya hace un año que lo bauticé como targeting y lo denuncié en Twitter:

¿Cuales son las motivaciones?

Pues, igual que con las acusaciones de brujería, hay varias posibilidades (pica en los enlaces para ver los paralelismos con las acusaciones de brujería):

  • Ciberbullying (querer amargarle la existencia a alguien por las RRSS para hundir intencionadamente su autoestima).
  • Trolling (querer amargarle la existencia a alguien por las RRSS solo por «diversión»).
  • Hating (querer amargarle la existencia a alguien por las RRSS para estropear su imagen, solo porque envidiamos o no aguantamos que tenga éxito).
  • Venganza (querer amargarle la existencia a alguien por las RRSS en respuesta a una afrenta).
  • Repercusión (querer amargarle la existencia a alguien por las RRSS para mermar su poder de influencia o para conseguir poder de influencia propio).
  • Malentendido con huida hacia adelante (ejercer una acusación inicial convencido de la certeza de la misma, pero luego, al descubrir que no es cierta, autoconvencerse o aparentar que se sigue creyendo en la misma, para no reconocer el error inicial).

En la actualidad, el targeting se ha transformado en un destructivo mecanismo de odio por las RRSS, uno del que somos testigos día a día en las pantallas de nuestros smartphones.

En esencia, el targeting sigue teniendo las mismas normas, solo que adaptadas a la WEB:

  • El acusador señalará desde una cuenta con muchos seguidores o en respuesta a una publicación que tenga mucha repercusión potencial.
  • El acusador seleccionará como verdugos a un grupo ideológico, de opinión o incluso a un colectivo (en resumen, un grupo de personas del que esté seguro que cuenta con algunos miembros polarizados y extremistas que no se paren a plantearse la situación, si no que se dejen llevar por una reacción visceral. Estos elementos fanáticos se encuentran en toda agrupación de personas lo suficientemente grande, sin importar incluso que sus principios sean correctos, necesarios y pacíficos). Si el acusador es lo suficientemente influencer como para tener su propio grupo nutrido de seguidores, podría utilizarlos de igual manera
  • El acusador señalará equivocada o falsamente a la víctima como contraria a este sector, generando una respuesta airada en el mismo (en el caso influencer, podría manipular para que el mensaje de la víctima se considere una agresión contra él, justificando así la respuesta de sus fans extremistas).
  • El grupo empezará a caldearse, no solo por las acusaciones del señalador, si no por las nuevas acusaciones de los más exaltados.
  • La gente normal empezará a dejarse llevar y a participar del linchamiento.
  • La gente que intente plantear algo de raciocinio, será señalada como nuevos objetivos del linchamiento.
  • Así que, la gente con dos dedos de frente que no esté de acuerdo, callará (para no buscarse problemas).
  • La víctima podrá intentar explicarse, pero, a estas alturas, la turba ya no piensa, solo siente de una manera exacerbada. Cada nuevo argumento será retorcido en su contra. Es posible que la víctima intente exponer que nunca ha dicho lo que el acusador asegura que ha dicho, pero es demasiado tarde: Hemos llegado a un punto en el que no importa lo que ha expresado, si no lo que alguien ha «entendido» que ha expresado. Es probable incluso que suceda la ridícula incongruencia de que el acusador (o incluso el grupo) asegure saber lo que quería expresar la víctima con sus palabras… ¡mejor que la propia víctima! (que niega el significado que se le imputa). Ojo aquí: encontraremos un targeting de manual (y muy cutre) en los casos en los que el linchamiento se base supuestamente en «la intensión de unas palabras», su autor aclare que esa no era su intención y esto se le discuta (como si alguien supiera mejor que el autor lo que quería decir). Si verdaderamente la justificación hubiera sido «la intención», en el momento en el que la víctima la aclara, el linchamiento ya no tendría sentido. Si continua, evidentemente tiene el objetivo de dañar.
  • Superada esta barrera de no retorno, el acusador ya podrá incluso retirarse y desaparecer del tablero: La reacción en cadena ha sido debidamente iniciada y alimentada. El odio podrá seguir extendiéndose sin su colaboración.
  • A partir de aquí, a saber hasta dónde puede llegar el daño: Un día de cibracoso, una semana de ciberacoso, un mes de ciberacoso, años de ciberacoso, el suficiente número de ciberacosadores como para que algún algún estúpido fervoroso envíe amenazas, como para que algún estúpido fervoroso se presente ante la víctima y la acose presencialmente o incluso la agreda, el cierre de la cuenta de la víctima para poder sobrevivir, el cambio de domicilio de los señalados, el suicidio de la víctima…

¡Qué peligroso es esto!

Reflexiona: ¿Y si están utilizando tu indignación por X causa para hacer daño a un inocente (que no está contra dicha causa)?

No lo permitas:

  • Si te llega contenido que te indigna…
  • Si te dirigen específicamente contra una persona…
  • Si te llega porque estás muy sensibilizado con la causa que aparentemente lesiona…
  • Y si no tienes la absoluta seguridad de que no se trate de un montaje, no esté alterado, sacado de contexto o malinterpretado…

Párate y piensa:

  • No lo des por cierto, pueden estar instrumentalizando tu causa.
  • No experimentes odio hacia el objetivo, pueden estar instrumentalizando tus sentimientos.
  • No compartas algo que pueda ser mentira, pueden estar instrumentalizando tu difusión..
  • No apoyes la causa en esa publicación, pueden estar instrumentalizándote a ti.
  • No le des a “me gusta» o sigas al remitente, que encima no obtenga rédito.
  • Repórtalo, para que se retire la manipulación antes de que el daño vaya a más.
  • Recuerda que hay consecuencias legales ante el ciberacoso y los mensajes de odio.
  • Referencia este artículo entre los comentarios, para hacer reflexionar a aquellos que no sigan estos consejos. Así podrás romper una lanza a favor de la víctima, llamando a la razón sin tener que mojarte con tu opinión personal y convertirte en una nueva diana.

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